Más de cien años pasaron desde el primer marzo en que la jornada se convirtió en celebración por la emancipación de la mujer.  El 8 de este mes se celebra una efeméride que debiera ser para el mundo una lucha inacabada.

 

El universo se resiente de retrocesos, sobre todo de sensibilidad, pero el tema de las marcas de género son más vigentes ahora que en cualquier día posible transcurrido. Es una necesidad que hace mucho tiempo rebasó los límites de la literatura, para convertirse en sedimento cultural en todas sus vertientes certificables, más allá de cualquier discurso de las artes.

Una sociedad que defiende como principio el conquistar toda la justicia, ha de tener a la mujer como uno de los actantes esenciales, no ya solamente para un análisis semiótico, sino como algo formidable en su dinámica.

Es una verdadera fiesta el 8 de Marzo aquí  en Cuba y en este instante, porque las razones de la mujer son pertenencia colectiva sin distinción alguna, porque se incorporaron al suceso también interminable de la cubanidad.

Una obra social y humana nos sigue ocupando en este archipiélago de lo real y maravilloso.  En tanto la acción de la mujer siga siendo fundamento, perfil y espíritu de una idiosincrasia, la celebración del 8 de Marzo será necesaria, y sobre todo trascendental.

 

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