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El silencio puede ser el peor de los cómplices cuando una mujer calla y oculta que es víctima de la violencia, flagelo que aún habita en la sociedad cubana y  con alto grado de incidencia en otras regiones del planeta. 

Escojo el tema a propósito de este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999, en recordación a las hermanas Patria, Minerva, María Teresa y Dedé  Mirabal, activistas políticas dominicanas asesinadas por órdenes del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

La violencia contra la mujer quedó definida como especial preocupación durante la Cuarta Conferencia Mundial, celebrada en Beijing en 1995, en el que los gobiernos, la comunidad internacional y la sociedad civil debían trabajar desde entonces para su erradicación.

Si bien desde el primero de enero de 1959, las cubanas constituyen fuentes activas del desarrollo económico, social y político; aún muchas son víctimas del  mal trato en sus propios hogares;  algunas lo reconocen, otras,  aceptaron esa realidad como parte de sus vidas.

Las mujeres son el principal eslabón en la familia, sin embargo,  muchas son subvaloradas en el aspecto humano y sometidas a la violencia.

Según la directora de la Editorial de la Mujer Cubana, Isabel Moya, los estudios de la violencia en Cuba manifiestan que esta no se da a partir de asesinatos masivos, como sucede en algunas regiones de Centroamérica, la experta refiere que se muestra en una violencia psicológica, en alguna forma de violencia económica, o manipulación con los hijos.

 

En Cuba, aunque en menor grado, existe la agresión física; totalmente castigada por la justicia; sin embargo no cuenta nuestro país con una regulación específica que proteja a la mujer de los maltratos no físicos, esos que hasta con la palabra mal dicha e hiriente maltratan y agreden.

La violencia puede ser de varios tipos, física, sexual, psicológica, estructural, política o institucional, simbólica, social y espiritual, entre otras. Las mujeres que experimentan violencia sufren de una variedad de problemas de salud y sus propias familias son afectadas con el refuerzo de actitudes violentas.

Este 25 de noviembre, No a la violencia, más que lema, ha de ser práctica y conciencia; la invisibilidad del tema solo obstruye y minimiza a la mujer, silenciar la violencia es auto condenarse, es menester todos los esfuerzos para enfrentar ese flagelo.

Información, ayuda y protección puede encontrarse en el Centro Nacional de Educación Sexual, las comisiones municipales de Educación Sexual, el Centro comunitario de Salud Mental, la Oficina de atención a los derechos ciudadanos de la Fiscalía Municipal y la Policía.

Podemos decir No a la violencia porque desde la más sutil hasta la más extrema no es natural; estamos a tiempo.

 

 

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