Con el fin de proteger el suelo y mejorar su fertilidad investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA ) emplazado en San José de las Lajas capital de Mayabeque se dan a la tarea de profundizar en los beneficios que aportan a la agricultura de conservación los cultivos de cobertura.
Como su nombre indica se trata de plantas que cubren la superficie de los terrenos garantizando posteriormente el rendimiento de los sembradíos, empleadas en la alimentación del ganado.
Para su manejo se utilizan equipos específicos con cuchillas, que aplastan y cortan las plantas de cobertura antes de la siembra directa.
Entre los tipos más utilizados se incluyen las gramíneas, como el sorgo forrajero que aportan biomasa y reducen malezas; las leguminosas, como trébol y alfalfa, capaces de fijar hasta 200 kilogramos de nitrógeno por hectárea y las crucíferas, cuyas raíces profundas rompen la compactación y actúan contra nemátodos.
Los agricultores siembran los cultivos de cobertura en diferentes estaciones, ya sea en otoño o a finales de primavera/verano, de forma uniforme o entre hileras así ayudan a prevenir la erosión de la tierra, regulan la humedad, atraen insectos polinizadores, facilitan el control de malas hierbas y plagas.
La agricultura de conservación es una opción sustentable a la producción de alimentos en el presente y hacia el futuro; ya que protege uno de los recursos más importante en este proceso: el suelo, al mismo tiempo que fortalece la salud del mismo.













