Pérez Prado: el mambo, la Suite, la obra que perdura

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Fue siempre muy agradecido Dámaso Pérez Prado con Cuba, por la trascendencia de la Suite Exótica de las Américas. En entrevista concedida en 1972 a una periodista cubana, quien le habló de esa pieza tan asociada al Guerrillero Heroico, El Rey del Mambo admitió su satisfacción por la utilidad permanente de esa música.

Jamás puso reparo alguno por la relación nueva de la pieza con el Che, ni tampoco reclamó un centavo por el derecho de autor. José María Vitier dijo cierta vez que el justo valor de una obra está en la capacidad de alguien de descubrir que ella sirve para algo. Ese mérito lo tuvo Santiago Álvarez en relación con la Suite Exótica de las Américas, aunque creía firmemente que el autor era el brasileño Heitor Villa-Lobos y no Dámaso Pérez Prado.

El escepticismo de Santiago Álvarez parece comprensible. Aún sorprende que el famoso pianista Cara de Foca, aquel extravagante, chiquito y feo, de enormes zapatos y trajes de colores chillones, excéntrico en la dirección de la orquesta, famoso por sus gritos y por aquella música de ritmo fuerte y sincopado que desenlazó a las parejas de baile, fuera al mismo tiempo el compositor de obra tan grandiosa, de naturaleza sinfónica, donde conviven en hermoso equilibrio los signos de la denominada música culta con los más auténticos y exactos de la llamada popular.

La Suite Exótica de las Américas expone en todo caso la verdadera dimensión creadora de aquel hombre tantas veces tachado por la crítica de entonces como “un payaso genial”, aunque en honor a la verdad no fue su primer proyecto sinfónico. Valdría la pena volver a la Voodoo Suite, donde el intenso legado africano halla una estación hermosa de percusión en big band.

Dice el musicólogo cubano José Reyes Fortún que el presidente John Fitzgerald Kennedy era un profundo admirador de Dámaso Pérez Prado. La Suite Exótica de las Américas estaría dedicada al mandatario norteamericano. Es verdad que la obra incluye un mambo (“Criollo”) y el portentoso “Uamanna Africano”, pero “Tema de Dos Mundos (la parte más conocida), “Amoha”, y el “Blues in C Major”, son exponentes de una descarnada tristeza.

Hasta donde se sabe, nunca Pérez Prado extendió votos por tendencia política alguna, pero ese hecho parece guardar su interés por que los Estados Unidos en la persona de su presidente de turno observasen y significaran la melancolía de sus vecinos del Sur.

Y posiblemente la obra sea el mejor retrato del alma de aquel pianista de originalidad desbordada, fallecido en México el 14 de septiembre de 1989. Simpático en el trato, el paso de Dámaso Pérez Prado por el mundo se conjuga en tiempo de alegría. Pero en su caso (como el del famoso comediante Garrick), tal vez se esconda más de un dolor.

En la muerte de Benny Moré, con quien tuvo choques y desencuentros sin nombre, envió uno de los mensajes de condolencia más conmovedores. Por el documental de Santiago Álvarez desde la caída del Che en la Quebrada del Yuro, y su ulterior asesinato en la escuelita de La Higuera en Bolivia, la Suite Exótica de las Américas resulta el mejor sonido para denotar la altura de la epopeya y el pesar por lo que perdimos.

En su modestia, el célebre autor, instrumentista y director de orquesta, extendió a su pueblo la suerte de que la obra perdurara. Al escuchar la obra portentosa, el heroísmo parece recorrer la Patria grande en motocicleta, o volver al camino con la adarga al brazo, en la epopeya inacabable de los pueblos de Nuestra América. También es hora de reciprocarle a Dámaso Pérez Prado la grandeza de ese gesto.

 

 

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