Pensar como país frente al rebrote

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Otra vez suenan las alarmas en San José de las Lajas, Mayabeque y Cuba  por el pico del rebrote de Covid a pesar de los esfuerzos y nuevamente la situación llama a pensar como país.

En voz del presidente cubano hemos escuchado la frase repetidamente con total coherencia ante cada ocasión y a partir de ahí dirigentes, funcionarios y ciudadanos acogen la frase con el sentido necesario.

Recuerdo la exhaustiva explicación ofrecida en los medios al tomar la decisión de reabrir los aeropuertos y también los  argumentos presentados para tal decisión.

A partir de la apertura comenzaron a llegar las personas varadas por largos y angustiosos meses en cualquier país del mundo y mucha fue la satisfacción para quienes pudieron regresar y para sus familiares, pues a nadie le agrada estar en esa situación.

Sin embargo al cabo de apenas dos meses lo que se hizo para salvar a muchos del abandono a la suerte en tierras lejanas, se convierte en el peor peligro de la nación por obra y gracia de la desobediencia y la conducta irresponsable y el país se va invadiendo poco a poco de una plaga invisible cuya frontera es solo el comportamiento ciudadano.

La situación empeora y entonces vemos que es el ciudadano quien ha descuidado su frontera individual y puesto en riesgo la de todos, es decir la del país.

Y entonces cabe preguntarse: ¿Acaso no se explicó con claridad cómo se iba a proceder para que la entrada de viajeros no alterara el control alcanzado? Los protocolos se divulgaron ampliamente por los medios y se pidió proceder en consecuencia.

Sin embargo hoy es evidente que no fue así porque sencillamente el absurdo cariño propició el contagio al olvidar que de esa manera hay cariños que matan.

Con otro comportamiento hoy Cuba pudiera recibir a personas de todo el mundo con diferentes objetivos, bajo las estrictas normas de seguridad, sin problemas y continuaría como  el destino más seguro que siempre ha sido.

Llega pues el momento en que la tolerancia toca al punto cero y hasta la paciencia del emblemático Doctor Durán llenó la copa y puso el énfasis en otra  frase que dijo con sobrada razón: ¡Está bueno ya!

Y es cierto. No podemos seguir ensombreciendo la alegría de este pueblo heroico por la simple apariencia de un cariño irresponsable que trueca el bien común por la satisfacción personal.

Pienso que tanto quienes arriban como quienes le reciben tienen la obligación de ser más responsables, pues si ya lograron entrar debieran al menos agradecer la dicha de estar vivos y haber regresado y en pago proteger a los demás.

Solo si somos responsables podremos ayudar a que regresen los compatriotas varados o se estabilicen los viajes. Tampoco es justo que mostremos en la  bienvenida un país lleno de  ausentes que pudieron salvarse y sería muy triste estar en el grupo que propiciara ese final infeliz.

Entonces no hay otra salida: pensar como país hoy tiene una connotación suprema. 388 positivos en una jornada es un record siniestro para Cuba que exhibía un control envidiable.

Por eso es  el llamado a la prudencia para salvar la vida propia, para salvar con la  conducta personal al semejante y eliminar la epidemia en la nación y salvarnos todos. Eso significa hoy, en mi modesta opinión – pensar como país.

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