Lo que no se puede perder

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Las carencias abruman, desde su esencia misma marcan el día a día y dejan frases lapidarias como “el café está perdido”, “¿azúcar blanca?, ni en los centros espirituales”.

Esas y otras carencias son parte de la realidad que vive hoy Cuba a consecuencia de la crisis económica que deja su impronta en este tiempo complejo, donde no faltan los que tienen y especulan y los que necesitan y acceden a precios inimaginables porque no queda otra vía.

Sin embargo,  a la par de esa realidad nuestra va otra, y es esa que apunta la ausencia de valores, esas cualidades imprescindibles en todo ser humano, válidas en todas las etapas de la vida.

Carecer de valores es la desnudes del más simple respeto a sí mismo, es enfermedad, que puede tener cura, si se inocula a tiempo el antídoto que humaniza: educación de cuna, de escuela, ejemplaridad; se trata de unir todos los eslabones para que desde edad temprana la actitud se arrope del bien.

La base del entendimiento entre unos y otros es el respeto, ese que otras generaciones que nos antecedieron asumieron de forma estricta y recuerda el tratamiento adecuado a las personas mayores,decirles usted y no tú, ceder el asiento en un ómnibus, no alzar la voz ni interrumpir al que habla, por solo citar algunos ejemplos.

Las carencias son asfixiantes, como lo es el bloqueo, esa mala letra que mal nos acompaña hace más de medio siglo pero, carecer de valores, del más atinado sentido común, es legitimar el vacío en una persona.

Fundar en cualquier orden de la vida requiere de cada quien la pertenencia de valores, se trata de ser éticos, honestos, responsables, solidarios, tolerantes, se trata de tener sentido de pertenencia.

Las carencias materiales, ya les decía asfixian, obstruyen pero, carecer de valores es la manera burda de transitar por esa escena común que es la vida, nunca es tarde para aprender, desaprender y aprender otra vez, porque más que un lema, valdría la pena inculcar desde los primeros años la necesidad de ser una buena persona.

Podrán perderse el café o el azúcar y tantísimas cosas más, y al final nunca faltarán en la memoria pero, el demérito de aquellos de pensamientos y proceder estériles jamás ocupará buen lugar.

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