La vida es bella

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Escribir una crónica se me hace difícil, en ese intento de estampar en el tiempo vivencias de un agosto cálido como de costumbre pero, marcado por circunstancias que nos sacan de contexto.

Los apagones se han llevado la primacía en los temas de comentario, no faltan las comparaciones con el período especial, o mejor dicho, con aquellos días en que afrontamos un período sin precedente, ahora tenemos con qué comparar  y eso tal vez nos hace más severos, aunque la severidad se vuelve pequeña.

Los días que corren son difíciles, las carencias, las limitaciones que muchas veces ponen frenos a la esperanza, los precios cada vez más altos, que angustian y te propinan una bofetada, la falta de muchas cosas que son necesarias entre ellas la sensibilidad, esa que no debe ser normada, pero que se torna ausente.

Los días que corren son difíciles, de alumbrones más que apagones, y eso molesta, duele, estresa. Fórmula para que todo mejore se busca pero no aparece aun,  llamar a la Empresa Eléctrica se torna también un acertijo cuando logras que te respondan, por suerte como preámbulo una musiquilla instrumental para que aguantes en forma la respuesta a tu pregunta, por lo general, 6 horas a partir del momento  que quitarán la corriente.

Los días que corren son difíciles, pero siguen el curso con sus aliños cotidianos, el vendedor de rosquitas, de pai, el que pregona los paquetes de pollo, el picadillo, la malanga que sugieren comprar hoy porque mañana puede estar más cara…

Los días que corren son difíciles, solo podemos hacerlos menos complejos intentando cada día ser mejores, tatuando en este tiempo adverso lo mejor de nuestros sentimientos, una manera de hacer que la vida sea más bella y que no falte el mejor ánimo para insistir en fraguar  la maravilla

Los días que corren requieren de ingenio, de autenticidad, de comprensión, de sinceridad y no de hipocresía. Los días que corren requieren de que los unos entiendan a los otros, de que el amor habite y abunde, de que se respete al vecino, al compañero de trabajo, de que cada quien pueda ponerse en el lugar del otro y no sea un armador de incongruencias sino un  restaurador de pesares, un alquimista de mejores amaneceres, un auténtico orfebre de un tiempo apto para los que insisten en hacer realidad los sueños.

Escribir una crónica se me hace difícil en este intento de estampar en el tiempo vivencias, más persevero en dibujar mis propios sueños porque la vida es bella.

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