Pocas fuerzas impulsan tanto el desarrollo de una nación como su juventud. De su quehacer incesante, de su capacidad para renovar ideas y de su compromiso con el presente se benefician los más diversos proyectos económicos, científicos y sociales.
En Cuba, esa verdad tiene un rostro concreto: el de los jóvenes que hoy sostienen, con sus manos y su inteligencia, buena parte del quehacer científico del país.
La ciencia cubana vive un momento de notable protagonismo juvenil con la inserción real en programas vitales para la supervivencia y la mejora de la calidad de vida de animales, plantas y seres humanos.
Los resultados lo confirman: la obtención, evaluación e introducción de las vacunas contra el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, constituyen una de las páginas más relevantes de esa historia.
Aunque la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la emergencia de salud pública internacional por la COVID-19, el esfuerzo científico cubano que hizo posible esos inmunógenos sigue siendo un logro de la medicina y la biofarmacéutica nacionales.
A ellos se suman logros como el Heberprot-P para el tratamiento del pie diabético y la vacuna contra el cáncer de pulmón, por solo citar algunos ejemplos.
En el caso del Heberprot-P, desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), Cuba ha demostrado su capacidad para reducir el riesgo de amputación por úlceras del pie diabético, y el fármaco es único de su tipo en el mundo.
En San José de las Lajas, el Instituto de Ciencia Animal (ICA) acumula una vasta experiencia en el trabajo con jóvenes. El funcionamiento del Consejo Científico Juvenil así lo demuestra, esa iniciativa responde a un objetivo claro: garantizar la reserva científica de la institución.
En el sector científico cubano es representativo el número de profesionales con categoría de máster o doctor en ciencias, esos grados validan el potencial investigativo del país y, al mismo tiempo, expresan el esfuerzo sostenido de una generación que decidió apostar por el conocimiento.
En campos como la genética, la biotecnología o la informática, el quehacer de los jóvenes se destaca como protagonista del desarrollo.
La juventud es la fuerza que hoy sostiene el presente de la ciencia cubana, el impulso que convierte las dificultades en soluciones y el relevo que ya escribe el porvenir de esta nación.













