El deporte en pos del desarrollo y la paz

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El 6 de abril de 1896, el norteamericano James Connolly ganó la prueba de triple salto en la propia jornada de apertura de los primeros Juegos Olímpicos de la contemporaneidad. Habían pasado 1511 años desde que el príncipe armenio Varazdat ganó en el 385 de la era cristiana, la corona de pugilato en la presunta última cita de la antigüedad, tras la prohibición del emperador Teodosio I.

Otras fuentes aseguran que en el 393 después de Jesucristo se verificaron realmente los postreros Juegos Olímpicos de aquel viejo tiempo. Concluía entonces una era en la que el deporte sellaba un compromiso con la paz, desde la célebre tregua en que paraban las guerras para darle paso a la gloria de los vencedores en la arena competitiva. Desde la inspiración del Barón de Coubertin, el 6 de abril de 1896 se abría, al menos formalmente, la esperanza.

No hace mucho, solo algo más de siete años, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó la fecha Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. La práctica se expone como un derecho fundamental. En el caso de Cuba, mucho antes de esa declaración formal, la obra social y humana triunfante en enero de 1959, no solamente lo reconoció como un derecho, sino que articuló un sistema institucional para democratizarlo, para hacer del acceso una realidad.

La agredida y bloqueada Cuba, construyó un mundo de olivo y palma, lejos del mercado y de la renta. Colaboradores cubanos llevaron a otras partes su agenda solidaria, expresada en la variante nuestra de la lengua española. Y aquí recibimos a tantos hermanos en la Escuela Internacional de Deportes, en un epicentro ejemplar de naciones realmente unidas.

Sin títulos formales, los campeones cubanos aún fungen como embajadores de buena voluntad por el mundo entero. Martí creía en la necesidad humana de asociarse. El deporte, por esencia, supone un trabajo en equipo, de justicia, de disciplina, de respeto imprescindible a la bandera del oponente.

En la condición de plaza sitiada, la Cuba revolucionaria todavía debe sortear peligros y amenazas. Y el deporte ha sido a veces el único contacto con los Estados Unidos. Y el consenso apunta a un modesto saldo constructivo. Fidel reclamaba crear conciencia ante los crecientes problemas del planeta. El Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, se inscribe en esa tarea por realizar.

 

 

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