Ante el peligro atómico, sin tacha y sin miedo

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Años después, en otro octubre, ante la congregación más gigantesca y silenciosa hasta entonces conocida, el Comandante en Jefe recomendaba la humanidad del Che como el modelo del hombre nuevo. La Crisis de Octubre había fijado en las bitácoras del planeta, la estirpe de millones que no tiemblan ante el peligro más grande.

El poema de Mirta Aguirre describe al Guerrillero Heroico como el caballero sin tacha y sin miedo. Ante la posibilidad real, cercana, terrible, de desaparecer en el mero acontecer de un pestañazo, la virtud de la Cuba heroica, raigambre mambisa que jamás se cansa, se dispuso a la carga, nuevamente en alarma de combate frente al albur de la muerte.

Otra vez David volvía a la cabeza de los suyos para encarar al Gigante. Estados Unidos es, hasta el momento, el único país que ha empleado el arma capaz de hacer polvo cósmico al globo. Agosto de 1945 no era simplemente el colofón de la segunda conflagración universal.

Para iniciar la Guerra Fría, el campeón de los derechos humanos y de la libertad no vaciló en borrar del mapa a dos ciudades japonesas. En el contexto del chantaje atómico, nada ni nadie podía garantizarle al archipiélago rebelde del Caribe que el imperio no lo haría nuevamente.

La Madre Historia ratifica que solamente el valor, la disposición de morir de un pueblo, es la única condición disuasora contra el poderoso. Sagunto frente a Aníbal; Numancia ante el tsunami romano, constituyen la única respuesta posible de los libres, cuando la sevicia amenaza su puerta.

Jamás Cuba fue tan inmensa como en aquel octubre de 1962, cuando el amigo soviético cedió ante la afrenta, violó principios éticos y dejó a la Revolución Cubana, la trinchera de mayor peligro, como la describió Fidel en carta a Nikita Jrushchov, fuera del diálogo y de cualquier decisión.

Entonces volvió a escucharse la voz del agredido, que nunca perdió la serenidad ni la sangre fría a pesar de encontrarse en el colimador de las ojivas nucleares de la potencia más poderosa y agresiva de todos los tiempos. Cuba vive aún la perennidad de una ardiente frontera de mar, donde el amor defiende su soberanía ante la perversidad del abuso de su vecino. Aquellos cinco puntos no dejan de ser razones para que perdure la dignidad de esta tierra.

En su Carta de Despedida, Ernesto Guevara calificó de luminosos y tristes a aquellos días. El Comandante en Jefe aparecía junto a las piezas antiaéreas que disiparon la prepotencia yanqui de los vuelos rasantes. También en el intercambio serio, responsable, calmado, con U Thant, elentonces Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Cintio Vitier, ese martiano indispensable, hablaba a cada rato de la prioridad de parlamentos en la trinchera. Parece una condición en los destinos de Cuba, en cada giro de la epopeya inacabable. El Che, parco en elogios, escribió al partir que pocas veces brilló más alto un estadista como en aquellos instantes difíciles de la Crisis de Octubre.

El emperador de turno dice ahora que la fórmula es simple: entrar y destrozar. Pareciera sin embargo que, como apunta Neruda en el tributo a Bolívar, el heroísmo cabalga en triunfo cada cien años. El ejemplo inmortal del fundador de la Revolución disuade, inspira, combate. Y sus huestes de millones conservan aquella decisión de octubre de 1962, sin una sola mácula, sin la más mínima evidencia de temor.

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