Si quieren, pueden

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Desde épocas remotas las mujeres son consideradas como el sexo débil. Se asocian a este género la suavidad, delicadeza, romanticismo, ternura y comprensión; características que no las hace débiles, todo lo contrario.

Calificarlas de esa manera responde solo a una intención despectiva o discriminatoria, pues las limita a lo que pueden o no  hacer, y así lo recoge la Real Academia de la Lengua Española (RAE) al definir el conjunto de mujeres como sexo débil.

Los propios rasgos distintivos de la personalidad femenina,  contrarios  a lo que se cree, las convierten en seres más fuertes para luchar y defender con ahínco lo que quieren y representan, ya sean los hijos, la familia o simplemente sus sentimientos o convicciones.

Quizás por eso en muchos países, los hombres y hasta la sociedad misma considera obligatoria la sumisión de las mujeres a sus maridos, padres, hermanos y de no estar de acuerdo son víctimas de violencia, que no necesariamente tiene que ser física.

El Diario Juventud Rebelde, en su versión digital del 21 de octubre de 2020, planteó que la violencia de género va más allá del maltrato físico o verbal al que se vea sometida una mujer; existen otras formas que tal vez pasen desapercibidas por coexistir en espacios más privados, y agregó que,  en la medida en que la sociedad sea capaz de reconocerlos, tal vez disminuyan.

Se considera violencia de género todo acto sexista que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, emocional, laboral, económico o patrimonial; la coacción o la privación arbitraria de la libertad, así como la amenaza de ejecutar tales actos, tanto si se producen en el ámbito público como en el privado.

Por eso en nuestro país se desarrolla una intensa campaña en contra de la violencia de género, en especial hacia las mujeres, quienes han demostrado que el calificativo débil, les queda muy chiquito y dista con creces de sus capacidades y aptitudes.

Estas acciones son lideradas en su mayoría por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), implementadas a través de la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, espacio idóneo para brindar ayuda psicológica y legal a las víctimas de violencia de cualquier tipo.

También mediante la realización de conversatorios con especialistas en el tema, talleres y cursos de diversas especialidades, encaminados a desarrollar capacidades y valores en las féminas y hacerlas sentir independientes y útiles a la sociedad.

Ese trabajo se ha ido consolidando en Cuba desde el triunfo revolucionario, el Primero de Enero de 1959 y hoy las mujeres son ejemplos y líderes en cualquier sector de la sociedad; demostrando que si quieren, pueden.

 

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