Este 13 de agosto Cuba celebra  un nuevo aniversario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro, en momentos de gran significación para el periodismo revolucionario, del cual se le considera protagonista  por esa labor comunicativa a lo largo de su vida y durante la conducción del pueblo en cada acción.

El líder cubano estuvo siempre atento a  la comunicación, a informar y  orientar de manera  adecuada las tareas, en aras de construir  la nueva sociedad en la isla caribeña.

En  su accionar de comunicador fue creando en el pueblo la costumbre de esperar en su voz la información más esclarecedora sobre los aspectos fundamentales de la vida, porque fue siempre un cronista capaz de describir los acontecimientos en su totalidad sin desechar ningún detalle significativo.

Fue sin dudas su periodismo una constante investigación siempre con el olfato que la profesión exige para encontrar la verdad y explicarla de la manera más convincente.

Muestra de ello son las incontables ocasiones en que su intuición le prevenía de algún detalle escondido en la mente de sus interlocutores y de pronto  aparecía la pregunta oportuna cuando menos se esperaba.

De esta forma, estar frente a él implicaba permanecer siempre alerta, pues sus preguntas podían enaltecer a su entrevistado por la respuesta adecuada o quizás cuajarle la sonrisa a quien no estuviera actualizado en sus funciones o intentara ocultar una información conveniente.

Como soldado de la verdad fue capaz de decir al mundo lo que otros ocultaban, explicar a los pueblos las causas de sus males y defender la razón ante las más difíciles circunstancias.

Por eso corrió siempre el riesgo que el periodismo implica como la más peligrosa de las profesiones y en su caso podría decirse entonces que fue el más perseguido de todos los profesionales de la palabra y los comprometidos con la verdad.

No consta en la historia un record de intentos de magnicidio superior al que fue sometido el líder cubano por lo que implicaban sus discursos, ideas y sus argumentos irrefutables, pues en cada uno ponía luz donde sus adversarios dejaban sombras e ignorancia.

A pesar del alto riesgo nunca se detuvo ante el peligro ni rehusó comparecer en los más disímiles y peligrosos escenarios, a tal punto que en varias ocasiones los siniestros encargados de su aniquilamiento quedaron paralizados sin atreverse a ejecutar el contrato criminal al verse de pronto frente al líder.

Fue su vida un testimonio de acción incansable y él  un pensador singular que se muestra en sus innumerables reflexiones, en su incesante batalla de las ideas y su dialogo con las  multitudes.

Así se mostró desde los difíciles días del juicio tras los hechos del Moncada, cuando la dictadura quiso darlo por enfermo para excluirlo del juicio.

Sin embargo ya su previsión le había permitido escribir la carta que llegó hasta la sala del tribunal escondida en el pelo  de Melba Hernández. De esa forma denunciaba  la artimaña y llevó a realidad el pensamiento martiano cuando afirma que   “Una idea justa defendida desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”. 

Fidel fue el periodista eficaz para informar, orientar, instruir y explicar cada estrategia, y fue a la vez el interlocutor capaz de escuchar y compartir las inquietudes de su pueblo.  Por eso todavía queda en la memoria la frase que ponía el cuño de la certeza a un hecho relevante,  cuando al comentar algún suceso el pueblo afirmaba con ardor: “Es verdad, lo dijo Fidel”.

 

 

 

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