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foto tomada de cubadebate

La noticia corrió veloz, aun cuando todos conocían la magnitud de su enfermedad, habitaba la esperanza de volverle a ver en pie, comandando a los hombres y mujeres de la patria de Bolívar, en el batallar por conquistar el futuro, en ese día a día, en los que dejó su pasión por una sociedad más justa, donde los humildes también tuvieran su lugar y derechos.

Gran conmoción causó la noticia del fallecimiento de Hugo Chávez en los pobladores de San José de las Lajas.

La noticia corrió veloz, aun cuando todos conocían la magnitud de su enfermedad, habitaba la esperanza de volverle a ver en pie, comandando a los hombres y mujeres de la patria de Bolívar, en el batallar por conquistar el futuro, en ese día a día, en los que dejó su pasión por una sociedad más justa, donde los humildes también tuvieran su lugar y derechos.

Mi vecino José, un jubilado con basta historia, me decía minutos después de saber la noticia, que Chávez es de esas personas que no muere, porque vivirá en cada buena obra, en el corazón de las personas de bien.

Y es que el dolor no es solo de Venezuela, hombres y mujeres de diversas partes del mundo reconocen al líder, cuyo verbo vital desafió las más insospechadas barreras para afianzar la fe en el futuro, en los sueños, en la patria.

Los comentarios se escuchan en cualquier sitio de esta ciudad, capital de Mayabeque, coinciden en que se ha ido un gran hombre alegan unos; otros, rememoran aquel encuentro de béisbol que colmó de simpatía una noche inolvidable en la capital cubana.

Su amor a Cuba, lo describen como algo especial; al decir de Mariana, una obrera, Chávez alzó su voz para defender toda causa justa, tuvo para bien una sonrisa, el canto para despertar la alegría y la fe en Dios, para apertrechar su alma con la mayor bendición de ser un hijo digno de su patria.

Es difícil repetir la noticia, esa que refiere que Chávez murió. La vida se apropia de aquellos que andan a paso apretado sin vacilaciones, de los que les abunda el coraje para mirar desde el peligro los mañanas por llegar. Cuando eso sucede, es imposible que habite la inercia, sin lugar a dudas es LA VIDA quien cuenta.

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