Yoel tiene tres añitos y es el más pequeño de los diez niños, niñas, adolescentes y jóvenes que viven en el hogar sin cuidado parental de Mayabeque. Su carita de alegría permanece como una fotografía estática en mi memoria; un semblante que muestra agradecimiento y bienvenida a la vez para los miembros del Proyecto Nuestro Azul entregando amor de la División Territorial de ETECSA (DTMY), quienes llegamos hasta ese sitio para ofrecer una donación de nuestros trabajadores.
Yoel o “Tito”, como prefiere que le digan, junto al resto de los niños y a Yudeisy, la directora del hogar, recibieron con satisfacción cada una de las prendas: ropas, zapatos, útiles escolares y confituras que con tanta dedicación recopilamos para ellos. Y es que las buenas acciones son como puertas que se abren a la esperanza.
Durante nuestra visita intercambiamos con los niños y adolescentes que viven en la casa. Conocimos sus inquietudes, reímos con sus travesuras y hasta disfrutamos de las fotos de 15 de Yanelis y Dianelis, unas hermanas jimaguas que también conviven allí.
La visita fue muy familiar. Con frecuencia los trabajadores de la DTMY comparten con el personal de esa institución y aportan objetos que satisfagan las necesidades de los niños. En sus rostros habitó el regocijo de sentirse amparados y en los nuestros la certeza de que solo el amor convierte en milagro el barro.
















