Defender la independencia de un hermano es defender la propia

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antiago de Cuba, 16 ene (ACN) El silencio en la Plaza de la Revolución Mayor General Antonio Maceo Grajales tuvo hoy un peso distinto, marcado por el respeto, el recogimiento y la emoción, cuando el pueblo santiaguero rindió honras fúnebres a los combatientes cubanos caídos en cumplimiento de su deber en la República Bolivariana de Venezuela.

   Desde las primeras horas del amanecer, trabajadores, combatientes, estudiantes y familias se congregaron en el histórico sitio para acompañar el tributo póstumo a los ocho oficiales santiagueros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, víctimas de un artero ataque imperialista.

  Beatriz Johnson, primera secretaria del Partido Comunista de Cuba en la provincia, expresó que los combatientes hoy despedidos asumieron con honor el compromiso legado por José Martí cuando afirmó: “Deme Venezuela en qué servirla: ella tiene en mí un hijo”.

   Defender la independencia de un hermano es defender la propia, afirmó, y subrayó que fue en la tierra de Bolívar donde, en el cumplimiento de su deber, les sorprendió la sombra brutal del imperio truncando sus valiosas vidas.

   La lucha por la soberanía, manifestó, es un camino sembrado de sacrificios, pero jamás de claudicación, y denunció las pretensiones hegemónicas contra Venezuela, así como el desconocimiento de la voluntad popular y de su gobierno legítimo.

   Johnson refirió que el pueblo cubano mantiene firme su compromiso con las ideas del Comandante en Jefe Fidel Castro, con el concepto de Revolución y con la defensa de la soberanía nacional, principios por los que estos combatientes entregaron sus vidas.

   A los familiares de los caídos les transmitió la solidaridad y el acompañamiento del pueblo santiaguero, al compartir el dolor y, a la vez, el orgullo de haber tenido entre los suyos a hombres valientes, dignos herederos de las mejores tradiciones patrióticas e internacionalistas.

   En la Plaza de la Revolución santiaguera predominó el color blanco, símbolo de pureza y paz, mientras en cada gesto y mirada se expresaba el dolor y el orgullo de una nación que honra a quienes ofrendaron su vida al servicio de un ideal justo.

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