Cuba celebra el Día de la Medicina Latinoamericana

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Cada 3 de diciembre, cuando el continente americano conmemora el Día de la Medicina Latinoamericana en homenaje al sabio cubano Carlos J. Finlay, Cuba no solo recuerda a uno de sus hijos más brillantes, sino que reafirma su vocación solidaria y humanista plasmada en la batalla de batas blancas que libra día a día.

Esta fecha trasciende el merecido tributo al descubridor del transmisor de la fiebre amarilla; es la celebración de un modelo de cooperación sanitaria que ha convertido a nuestra isla en un faro de esperanza para los pueblos.

Frente a la comercialización mundial de la salud, donde millones ven negado su derecho a atenderse por carecer de recursos, la Revolución Cubana ha edificado un sistema gratuito y universal que es orgullo nacional y asombro para delegaciones internacionales. Pero el internacionalismo, principio cardinal de nuestra ética, impulsó a Cuba a llevar esta concepción más allá de sus fronteras.

Las hazañas de las brigadas médicas Henry Reeve en enfrentar pandemias y desastres naturales desde Pakistán hasta Perú, o la presencia estable de colaboradores de la salud en decenas de países son prueba  de que otra medicina es posible: una que llega al rincón más necesitado para salvar vidas.

Hoy, la efeméride encuentra a miles de galenos cubanos escribiendo con su quehacer, en hospitales de Venezuela, en consultorios de Guatemala o en las complejas misiones de África, las páginas más nobles de la diplomacia humanitaria. Son ellos, herederos legítimos de Finlay, pero también del Che Guevara, quien entendió la medicina como un acto de amor revolucionario.

Su trabajo desinteresado es la respuesta más elocuente a las campañas de desprestigio de quienes pretenden mancillar la bandera de la solidaridad, demostrando que para Cuba, la salud es un derecho humano fundamental, no un privilegio.

En este día, mientras formamos a nuevos profesionales con altísima competencia pero, sobre todo, con una profunda conciencia social, ratificamos que la mayor gratificación para el pueblo y el gobierno cubanos es escuchar el agradecimiento de quienes han sido atendidos por estos embajadores de la vida.

La medicina cubana, bloqueada pero no doblegada, sigue siendo un ejército de paz, un baluarte de la Patria y un fiel reflejo del principio que guía nuestra sociedad: salvar vidas, donde quiera que sea, es el deber más sagrado.

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