En la capital de Mayabeque se encuentran disponibles los recursos materiales y humanos necesarios para enfrentar los diferentes niveles de infestación propiciados por el mosquito Aedes Aegypti, solo nos falta la actitud consciente de lajeras y lajeros para llevar a cabo esta dura batalla sin tregua ni espacio a la demora ni a la insensibilidad.
El alojamiento está listo para contrarrestar cualquier situación epidemiológica, tanto en la comunidad mayabequense como en el resto del país.
Contra el peligroso vector, se dispone de un presupuesto para la adquisición de insumos, con vistas a desarrollar la campaña antivectorial, los cuales son muy costosos en cualquier región del mundo.
Una tonelada de plaguicida, la más común que se utiliza para fumigar las viviendas, tiene un valor de más de nueve mil dólares y se utilizan entre 30 y 40 toneladas de ese producto al año.
Por concepto de combustibles se gasta en el territorio nacional, cerca de dos millones de litros, los cuales se usan para fumigar los hogares, téngase en cuenta, además que, una tonelada de abate le cuesta al gobierno alrededor de mil 800 dólares y que este producto, tan necesario, en la mayoría de las casas se vota al limpiar los depósitos con agua, sin tener en cuenta su costo y lo que representa.
Sin dudas, es tan necesaria la participación de la comunidad para lograr niveles bajos de infestación por aedes y ahorrar, pues estos recursos financieros que se disponen para la campaña, se podrían emplear con la colaboración de todos en diferentes menesteres de la salud pública.
Es indispensable cumplir con el autofocal familiar cada siete días, tapar bien los tanques bajos en los cuales se almacena el agua para que el insecto no pueda colocar los huevos y proliferar después.
El mosquito vive entre los humanos y el agua limpia y estancada es su mejor habitad, en este sentido se recomienda destruir los cascarones de huevos y cualquier depósito que se encuentre en los alrededores de las viviendas.
Sin la participación popular es muy difícil lograr el control del trasmisor del dengue, zika, chikungunya, fiebre amarilla y otras enfermedades mortales, el pueblo, debe asumir la percepción de riesgo y desarrollar acciones de promoción de salud, teniendo en cuenta la responsabilidad individual en el autocuidado de su salud.















