Repartiendo el verde de los campos de Cuba libre

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Las armónicas de la Patria lo describen como el último mambí. Parece reunir en sus manos la carga decimonónica que nos confirió un sitio de honor en el concierto de los libres, para repartirla en esta epopeya distendida y victoriosa que late en millones en la distancia de dos siglos.

No solo obra en batalla desde el amanecer de su existencia. También la cuenta y la escribe. Instruye y sensibiliza a sus hermanos en la complicada y riesgosa tarea de luchar. Ahí está la forja de la academia. El Premio Nacional de Historia, como antes con Fidel, creció en jerarquía heroica con el nombre del hermano indispensable, valeroso y fiel.

El Comandante inolvidable hablaba de las huestes infinitas de la guerra de todo el pueblo: un portentoso ejército revolucionario. El grado militar de Raúl transpone autoridad en querencia, el sacrificio en una hoja de servicios ejemplarmente hermosa. Y sin una sola batalla perdida, en la virtud de emancipar sin fronteras de tiempo ni de lugar.

El enemigo de la nación cubana pretende asfixiarla de una vez. Calígula, excéntrico y arrogante, permanece en las puertas. Por eso busca apagar a su símbolo vivo más grande. El imperio sigue huérfano de justicia. No puede articular un proceso legal. Solo hace lo que sabe y puede: calumniar.

Oportunista fue el vecino poderoso cuando intervino en 1898 para estafarnos la independencia. El 20 de mayo de 1902 fijó el nacimiento de una república mutilada. Volver a esa fecha implica cinismo y una amenaza a la soberanía, a la conciencia plural de Cuba, a la identidad del país.

Se equivoca otra vez el todopoderoso. Hay espíritus de excepción que remontan el paso constrictor de los años. Raúl encarna la voz de mando en la hora difícil, el estratega que los suyos reconocerían en la prueba más dura de la historia. Patriarca de lo cubano, inspira a la resistencia a este antemural del Caribe que no claudica ni entrega sus armas. Su mejor escudo: la canción. El sujeto lírico le dispensa un tributo con el pie en el estribo. Y siempre en campaña, repartiendo el verde de los campos de Cuba libre.

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