Un tilín mejores: pandemia de amor (+Fotos)

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 “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.

Madre Teresa de Calcuta

Todo puede conquistarse con el amor. Hasta en la enfermedad y en la pena se halla alivio cuando se ofrece solamente una gota de ternura. Esther Díaz Hernández lo sabe y lo siente desde siempre. De ahí que ha pasado su vida tocando mil puertas para darse a los demás.

Pero esta mujer, economista de carrera, descubrió en 2014 que su corazón quedaba estrecho a tanta pasión. Por ello, como un impulso inexplicable y arrasador propuso a sus compañeros de trabajo de la fábrica de Ron Havana Club de San José de las Lajas un proyecto social al que bautizó, Un tilín mejores. Fue nada más y nada menos que el 14 de febrero de 2014. ¿Casualidad?, no lo creo.

En ese entonces halló en algunas de sus colegas más cercanas la complicidad que necesitaba para desplegar el torbellino de ideas dictadas por el corazón. Al poco tiempo sucedió que sus seguidores se multiplicaron en la fábrica, y que incluso los directivos les proporcionaran los recursos necesarios para construir ese puente de amor tan soñado por Esther.

Visibilizando el autismo

Uno de los primeros sitios que sitió el calor de, Un tilín mejores fue el aula de los niños autistas de la Escuela Especial Celia Sánchez de San José de las Lajas. Llevando como bandera el precepto de que, El autismo no se cura, se comprende hicieron de aquel espacio un lugar mejor para enseñar y aprender.

Repararon el aulita convidando a la tarea a los propios niños y a sus familias. Compartieron con ellos los cumpleaños y otras celebraciones que signan la vida escolar en cualquier institución educativa cubana. También les regalaron nuevos juguetes y otros medios didácticos que sirven para romper el soliloquio de las personas que padecen ese mal.

La terapia con los lobos marinos en el Acuario Nacional fue otro de los regalos a los niños autistas y marcó sus vidas. Y es que Un tilín mejores además de ocuparse, se interesó por hallar los caminos para despertar la emociones y desentrañar los sentimientos en las almas de aquellos chiquillos.

 

Por el consumo responsable de alcohol

Desde el mismo sitio donde se fabrica uno de los rones espirituosos que más se deleita en el mundo, también se incita a consumir el alcohol en su justa medida y de manera responsable. Esa ha sido otra de las misiones del proyecto de Esther.

Las brigadas conformadas por los propios trabajadores de la Ronera San José llegaron en el 2017 a las escuelas, los centros de trabajo, y otros sitios como la Escuela de Taichí de Mayabeque. Talleres, cursos, videos debates y otras acciones multiplicaron el incentivo a evitar las tragedias causadas por el alcoholismo.

Para llevar con éxito la batalla contra un mal que afecta en gran medida a los jóvenes, Un tilín mejores fortaleció las alianzas con instituciones educacionales como la Universidad Agraria de La Habana Fructuoso Rodríguez. En los estudiantes sembraron buenas y mejores maneras de expandir la lección a los barrios y las comunidades más apartadas y vulnerables.

Mujeres y más

La mujer con su hermosura, sus fortalezas y debilidades consiguió un puesto de honor que se consolidó en 2017 en la agenda de Un tilín mejores. Ahuyentar los temores y las angustias que produce el cáncer, sobre todo el de mama, sigue siendo un gran desafío y una invaluable conquista del movimiento.

La sala de Oncohematología del Hospital Leopoldito Martínez de San José de las Lajas se mantuvo como el escenario principal para compartir ideas, experiencias, incentivos. Las mujeres que reciben tratamiento de quimioterapia y otras ya rehabilitadas quedaron envueltas en las buenas energías diseminadas por Esther y su grupo, feminista al cien por ciento.

La jornada de no violencia contra la mujer siguió siendo un pretexto bien esgrimido para aleccionar sobre la utilidad de la virtud de ser mujer y a la vez compartirse en madre, esposa, trabajadora, amiga.

En el contexto de la fecha otra vez esas damas fueron invitadas a la Ronera San José donde disfrutaron, y doy fe de ello, de una mañana deliciosa en la que aprendieron de las nuevas legislaciones que amparan a la mujer trabajadora y también de maquillaje, peluquería y del arte del origami.

Por todos y en todas partes

A fines de enero de este año llamé a Esther y le hablé de una joven de 23 años que agonizaba a causa del cáncer en el municipio de Jaruco. Le envié su foto y su historia con la esperanza de que la muchacha, madre de un niño de cinco años, encontrara en Un tilín mejores las fuerzas necesarias para vencer la angustia y el dolor.

Y hasta allá llegaron con el consuelo y el abrazo. A los pocos días aquella jovencita murió, mas me reconfortó el hecho de que ella agradeció la compañía y la atención de aquellos buenos desconocidos.

Puedo decirles también que sé del dinero que recaudan mes a mes desde hace dos años para apoyar a un excompañero de trabajo que atraviesa una difícil situación, y de muchas familias con tragedias dolorosas que han sido tocadas por la pandemia de amor de Esther y los suyos.

Atraídos por ese influjo profundamente humano hasta los zorzales y los zunzunes se aventuraron en los últimos años a empollar en las macetas y los jardines de las instalaciones de la Ronera San José, donde se sintieron protegidos y en familia.

Pero no está bien enumerar la ternura porque ellos han sido buenos porque sí, y no para que el mundo los vea pasar, como invita de manera permanente José Martí.

Casi siempre Esther empieza los encuentros con la frase de la madre Teresa de Calcuta: A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

Quizás Un tilín mejores es un movimiento inspirado en toda la buena obra de aquella gran mujer y de otras muchas personas que vivieron y viven para servir a los otros.

Pero tengo la certeza de que si continúan esculpiendo tan hermosas historias en la memoria colectiva de su pueblo, es porque dan, porque confían más en la providencia que en la medicina y por sobre todas las cosas, porque hacen el bien, no por sentimentalismo, sino por amor.

Y esa fábula que se anuncia con infinitos capítulos, inspiró esta décima a uno de los trabajadores de la fábrica de ron Havana Club San José.

En la Ronera San José/

El cariño se comparte,/

   La dulzura se reparte,/

Como solo yo lo sé./

Te contaré y no miento,/

De un proyecto singular,/

Que su lema es entregar/

Mucho amor y sentimiento./

¿Qué lo hace respetable?/

Pues, sus muchos menesteres,/

No violencia a las mujeres/

Y un consumo responsable./

Un proyecto sin egoísmo,/

Que alivia muchos dolores,/

Ayuda a trabajadores/

Y a los niños con autismo./

Ternura y amor verdadero/

El siempre lleva consigo,/

¿Sabes a quién me refiero?/

¡UN TILÍN MEJORES ! amigo.

¡Ah!, y ya tienen su logo diseñado por un estudiante del Instituto Superior de Diseño de La Habana (ISDI).

 

 

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